Amor y sexo por generaciones: ¿qué cambia y qué no?

¿Por qué tu padre aguantó cuarenta años de matrimonio y tú no aguantas ni tres meses de «a ver qué somos»? Las relaciones de pareja por generaciones no se parecen: boomers, generación X, millennials y generación Z se conocen, se desean, discuten y se separan de formas distintas.

Pero conviene ir con cautela, porque parte de lo que llamamos «cosas de generación» es edad, momento histórico o puro estereotipo. En este artículo separo lo real de lo mítico con datos actuales de Estados Unidos y de España, y con cuatro casos tipo de terapia de pareja, uno por generación.

Pareja joven distanciada en un sofá, cada uno con su móvil, bajo una foto de boda antigua: parejas por generaciones
Lo que une y lo que separa a las parejas de cada generación

Si te preguntas en qué punto está tu relación, no esperes a que lo decida el calendario: haz el test de satisfacción en la pareja (escala RAS). Es breve, y te devuelve una medida honesta de cómo estáis hoy, tengáis la edad que tengáis y seáis de la generación que seáis.

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© Dr. Antonio Ferrández Infante, Especialista en Sexología Médica y Terapia de Pareja.

¿Qué encontrará aquí?

¿Cada generación ama de forma distinta o es un mito?

«Boomer», «millennial», «Gen Z»: las etiquetas generacionales son irresistibles porque explican en una frase lo que nos desconcierta del otro. Pero antes de hablar de amor y de sexo conviene acordar de quién hablamos y cuánta confianza merecen estas etiquetas.

¿A qué años corresponde cada generación?

Las fechas no son leyes de la naturaleza. Pew Research Center, la referencia que utilizan la mayoría de los estudios, fija los límites que ves en la tabla y advierte de que son herramientas de análisis: lo que se observa en los datos se parece más a un continuo que a un umbral. En este artículo uso esos años.

Generación Años de nacimiento Edad en 2026 Contexto en el que se hicieron adultos
Baby boomers 1946–1964 62–80 años Adultos jóvenes durante la «revolución del divorcio» de los años setenta.
Generación X 1965–1980 46–61 años Adultos con la mujer ya incorporada al trabajo y con la llegada de internet.
Millennials 1981–1996 30–45 años Entraron al mercado laboral en plena recesión y vivieron el estreno de las apps de citas.
Generación Z 1997–2012 14–29 años (adultos: 18–29) Han crecido con el smartphone: el iPhone salió en 2007, cuando los mayores de esta generación tenían 10 años.

Un matiz español: aquí el baby boom llegó más tarde que en Estados Unidos. Los demógrafos suelen situarlo entre finales de los años cincuenta y mediados de los setenta, así que muchos españoles de cincuenta y pocos años son «boomers» locales y «generación X» para Pew. No cambia lo esencial de lo que sigue, pero explica por qué a veces las etiquetas no encajan con tu familia.

Qué dice la ciencia sobre las diferencias entre generaciones

Una revisión crítica publicada en 2021 en el Journal of Business and Psychology concluye que las diferencias entre generaciones están mucho menos demostradas de lo que sugieren los titulares. Lo que parece «cosa de generación» suele mezclar tres efectos distintos:

  • Efecto de la edad: a los 25 y a los 50 años se ama de otra manera, seas de la generación que seas.
  • Efecto de la época: una pandemia, una crisis económica o la llegada de las apps cambian a todos a la vez, no solo a los jóvenes.
  • Efecto de la cohorte: haber crecido en un momento concreto deja huella, pero mucho menor de lo que se cree.

Un millennial de 40 años no es «un Gen Z con quince años más»: está en otra etapa de la vida, con otras presiones. Por eso en este artículo separo tres cosas:

  • Lo medible: cómo se conoce la gente, a qué edad se casa, cuántos conviven en pareja y cuánto sexo declaran. Aquí sí hay diferencias claras.
  • Lo que es etapa de la vida: el agotamiento de los cuarenta con hijos y padres mayores, la jubilación, la menopausia. Lo vivirá cada generación cuando le toque.
  • Lo que es estereotipo: «los jóvenes no se comprometen», «los mayores ya no tienen sexo», «los millennials lo quieren todo ya».

La regla para leer lo que viene: una generación es un contexto, no un destino.

Baby boomers y divorcio gris: por qué se separan después de los 60

Los boomers crecieron con una idea clara: el matrimonio era un contrato para toda la vida, con papeles repartidos de antemano. Y, sin embargo, fueron también quienes vivieron, siendo adultos jóvenes, la «revolución del divorcio» de los años setenta. Esa paradoja explica por qué hoy son los protagonistas del llamado divorcio gris: la separación después de los 50 o los 60 años.

Qué dicen los datos del divorcio gris

El Centro Nacional de Investigación sobre Familia y Matrimonio de la Universidad Estatal de Bowling Green, con datos del censo de EE. UU., ha documentado el fenómeno:

  • Entre los mayores de 65 años, el porcentaje de divorciados pasó del 5,2 % en 1990 al 15,2 % en 2022: casi se triplicó.
  • Una de cada diez personas que se divorcian hoy en EE. UU. tiene 65 años o más.
  • Entre los 50 y los 64 años, en cambio, el divorcio bajó ligeramente en 2022, por lo que los investigadores lo describen como un fenómeno sobre todo de la generación del baby boom.
  • Una parte del aumento se explica por las segundas parejas: los matrimonios de segundas nupcias se rompen con más frecuencia que los primeros. Y la mayor esperanza de vida hace que haya más años para equivocarse y para rectificar.

Una revisión publicada en 2022 en The Journals of Gerontology bajo el título «El envejecimiento del divorcio» repasa cómo ha cambiado la separación en la madurez a lo largo de medio siglo. Otra encuesta estadounidense (Barna, 2024) sitúa a los boomers como la generación con mayor porcentaje de personas que se han divorciado alguna vez: el 30 %.

La lectura honesta no es que los boomers amen peor. Es que son la primera cohorte para la que divorciarse fue socialmente aceptable y que llega a los 65 con salud, pensión y años por delante para empezar de nuevo.

La jubilación: cuando el nido vacío se llena de silencio

En consulta veo un patrón que se repite. Durante décadas, el matrimonio funcionó por logística: él trabajaba, ella llevaba la casa (o los dos trabajaban y los hijos ocupaban todo el espacio). Cuando llega la jubilación y los hijos se van, de pronto hay veinticuatro horas diarias de convivencia y nada que organizar. Y aparece la pregunta que nadie se había permitido hacer: «¿Quiero pasar los próximos veinte años así?».

Muchas parejas descubren entonces que tienen una buena sociedad y una intimidad vacía: no se tocan, no se miran, no se hablan de lo que sienten. Otras se reencuentran. La diferencia suele estar en si alguien se atreve a decir en voz alta lo que lleva años callando.

Sexo después de los 60: la «segunda juventud» con Viagra

Los boomers fueron la primera generación que dispuso de un tratamiento oral eficaz para la disfunción eréctil: el sildenafilo salió al mercado en 1998, cuando tenían entre 34 y 52 años. Para muchos hombres fue una liberación. Pero un fármaco para la erección no resuelve una relación, y a veces destapa un problema que estaba dormido.

El escenario típico: él recupera la erección y vuelve a querer sexo; ella lleva años sin deseo, o siente dolor por la sequedad vaginal de la menopausia, y vive esa «segunda juventud» de su marido como una presión más. Él interpreta el rechazo como desamor; ella lo vive como falta de respeto a su cuerpo. Dos personas con razón y sin lenguaje común.

Si eres hombre y esto te suena, te recomiendo leer sobre las erecciones a partir de los 50 años y sobre la andropausia; y si lo que te preocupa es la disfunción eréctil como tal, ahí tienes la guía completa. En resumen: el sexo no se acaba con la edad, cambia. Y las parejas que lo hablan lo adaptan; las que lo callan lo abandonan.

Generación X y la generación sándwich: ¿realidad o excusa?

La historia popular dice que la generación X vive «sin tiempo para desearse»: trabajo, hijos adolescentes, padres mayores que necesitan cuidados. Es una frase muy repetida. La pregunta es si los datos la respaldan.

¿Existe de verdad la generación sándwich?

Sí, pero con un matiz importante: es una etapa de la vida, no una generación. Pew Research Center define a un adulto «sándwich» como alguien con un padre o una madre de 65 años o más que, además, cría al menos a un hijo menor de 18 años o apoya económicamente a un hijo adulto. En su encuesta de octubre de 2021:

  • El 23 % de los adultos de EE. UU. estaba en esa situación.
  • Por edades, afectaba al 54 % de quienes tenían entre 40 y 49 años, al 36 % de los de 50 a 59 y al 27 % de los de 30 a 39.
  • Era más frecuente entre los casados (32 %) que entre los divorciados o separados (23 %) y que entre quienes conviven en pareja sin casarse (20 %).

Un dato que desinfla un poco el mito de la «oleada»: una encuesta de Pew de 2014 también dio el 23 %, aunque se hizo por teléfono y no es estrictamente comparable. No hay evidencia clara de que la presión esté creciendo; lo que hay es una etapa vital muy exigente que atraviesa a quien tiene entre 40 y 59 años. Hoy esas edades las ocupa en gran parte la generación X, pero los millennials mayores (que ya tienen 45) están entrando en ella. Y la investigación sobre cuidadores «sándwich» se centra justo en el desgaste: un informe de 2023 en International Journal of Aging and Human Development estudia el agotamiento (burnout) y la depresión en este grupo.

Veredicto: la generación sándwich es real, pero no es «cosa de la generación X». Es lo que le pasa a casi cualquiera a los cuarenta y tantos.

Qué le hace al deseo vivir en modo supervivencia

El cansancio no apaga el deseo por sí mismo. Lo que lo apaga es el desajuste de deseo que nadie resuelve: uno quiere más intimidad física que el otro y, en vez de hablarlo, se instala una dinámica de petición y rechazo. Un estudio de 2021 en Archives of Sexual Behavior encontró que la discrepancia de deseo entre los dos miembros de la pareja predice más malestar sexual con el paso del tiempo.

Si el que tiene menos deseo es él, puedes leer por qué un hombre pierde el deseo. Si es ella la que no desea, tienes la guía para los hombres cuya mujer no los desea; y si es ella quien lo vive desde el otro lado, este artículo está escrito para ellas. Además, a partir de los 40 hay cambios en la respuesta sexual masculina, como una eyaculación más rápida de lo habitual, que se suman al cansancio y alimentan la ansiedad.

El divorcio de la generación X en España

Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2024 dibujan un perfil muy concreto de la separación en España:

  • Se registraron 86.595 separaciones y divorcios (1,8 por cada 1.000 habitantes), de los cuales 82.991 fueron divorcios. Un 8,2 % más que en 2023.
  • La duración media del matrimonio en el momento del divorcio fue de 16,4 años.
  • La edad media al divorciarse fue de 49,0 años en los hombres y 46,6 en las mujeres.
  • El 79,8 % fueron divorcios no contenciosos.

Es decir: en España el divorcio medio ocurre a los 46-49 años, tras unos dieciséis años juntos. Justo en la edad de la generación X y en el momento en que los hijos entran en la adolescencia y los padres empiezan a necesitar cuidados. No prueba que la generación X sea «peor pareja», pero sí que la etapa sándwich es una zona de riesgo para el vínculo.

Y hay una consecuencia que la literatura casi no mide, pero que veo a menudo: las infidelidades emocionales de esta etapa. Rara vez nacen del deseo de dejar a la pareja: nacen de la soledad dentro de ella. Alguien que te escucha un rato al día, un compañero de trabajo, un chat que empieza como desahogo. No tengo datos comparables por generaciones sobre esto y no voy a inventarlos, pero lo vas a ver reflejado en uno de los casos de más abajo.

Millennials: ¿más opciones y menos compromiso?

Los millennials llegaron a la vida adulta con el mercado laboral hundido por la recesión de 2008, alquileres imposibles y un teléfono en el bolsillo con acceso a miles de posibles parejas. Se les acusa de «no querer comprometerse». Los datos cuentan una historia más matizada: se comprometen, pero más tarde y en condiciones distintas.

Apps de citas: ¿destruyen las parejas o solo las cambian?

Según la encuesta de Pew Research Center de julio de 2022 en EE. UU., el 30 % de los adultos ha usado alguna vez una web o app de citas. Por edades, el porcentaje es del 53 % entre los menores de 30, del 37 % entre los de 30 a 49, del 20 % entre los de 50 a 64 y del 13 % a partir de los 65. Y uno de cada diez adultos con pareja la conoció por esa vía; entre los menores de 30, uno de cada cinco.

La pregunta es si esas parejas son peores. Un estudio de 2024 con 233 estudiantes universitarios estadounidenses comparó la calidad percibida de la relación de quienes se conocieron por una app con la de quienes se conocieron en persona y no encontró diferencias significativas. Es una muestra pequeña, sobre todo de mujeres y de una sola universidad, así que no permite generalizar. Mi lectura clínica es que la app no daña la relación; lo que daña es el hábito mental que crea. La sensación de que siempre hay otra opción a un deslizamiento de distancia hace que el primer desencuentro parezca una razón para salir, en lugar de un problema para resolver.

Y hay un coste que los datos de Pew muestran sin rodeos: entre quienes han usado estas plataformas, el 38 % ha recibido imágenes o mensajes sexualmente explícitos que no había pedido (entre las mujeres menores de 50 años, el 56 %). Llegar a la primera cita con ese equipaje no ayuda a confiar.

Casarse y tener hijos tarde: el sexo bajo presión de agenda

En España, según el INE, en 2024 hubo 175.364 matrimonios (un 1,7 % más que el año anterior), pero la edad media de quienes se casan es de 39,9 años los hombres y 37,2 las mujeres. Las madres tienen su hijo a una edad media de 32,6 años y la fecundidad es de 1,10 hijos por mujer. Esa cifra incluye todos los matrimonios, no solo los primeros, pero muestra el cambio de calendario: se vive en pareja mucho antes de casarse, y se tienen hijos más tarde y con más presión por los plazos.

Esa presión se nota en el dormitorio. Cuando el sexo pasa de ser un encuentro a ser una tarea con fecha (los días fértiles, el calendario de ovulación), el deseo se resiente. La transición a la paternidad es una etapa que la investigación sigue de cerca: un estudio longitudinal de 2021 en Journal of Family Psychology, por ejemplo, analizó cómo evoluciona el bienestar sexual de las parejas durante ese periodo. Lo que veo en consulta es que el problema rara vez es el bebé en sí; es la pareja que deja de ser pareja para convertirse en un equipo logístico.

Estrés, rendimiento y pantallas

En consulta, los millennials llegan sobre todo por ansiedad de rendimiento: erecciones que fallan con la pareja pero no a solas, o eyaculaciones demasiado rápidas por la tensión. Si es tu caso, tienes información en el artículo sobre cómo controlar la eyaculación rápida. La combinación de agotamiento laboral, comparación constante (redes, pornografía) y miedo a «no dar la talla» es muy frecuente. Y con frecuencia el problema no es físico: es una cabeza saturada intentando rendir.

Generación Z: menos sexo, más etiquetas… ¿y vuelta al matrimonio?

Los más jóvenes concentran hoy la mayoría de los titulares: «recesión sexual», «situationships», «ghosting». Veamos qué hay detrás de cada uno.

¿Es real la «recesión sexual»?

Sí, en EE. UU. los datos son claros. Un análisis del Institute for Family Studies de la Encuesta Social General de 2024 muestra que el porcentaje de adultos de 18 a 64 años que tiene sexo semanal cayó del 55 % en 1990 al 37 % en 2024. Entre los 18 y los 29 años, la proporción que convive con una pareja bajó del 42 % al 32 % entre 2014 y 2024. Y el tiempo social semanal de los adultos pasó de 12,8 horas en 2010 a 6,5 en 2019 y a algo más de 5 en 2024.

No es un fenómeno solo estadounidense: el estudio danés Project SEXUS, publicado en 2022, también analizó la inactividad sexual en población general.

Mi lectura clínica: los jóvenes no tienen menos deseo; tienen menos oportunidades y menos práctica social. Si hay menos gente emparejada y menos gente conviviendo, hay menos sexo. A eso se suma que muchos llegan a la primera vez con miedo: a hacerlo mal, a que duela, a no estar a la altura de lo que han visto. Si es vuestro caso en pareja, podéis leer sobre qué hacer si no puedes penetrar a tu novia o, si es ella la que no siente deseo o excitación, sobre la baja excitación sexual en la mujer.

Situationships, ghosting y sexting: el lenguaje de la indefinición

Una situationship es una relación con intimidad y a veces con sexo, pero sin definición: no se sabe qué son, ni si hay exclusividad, ni adónde va. El ghosting es desaparecer sin explicación, y el sexting, intercambiar mensajes o imágenes eróticas. No tengo cifras fiables comparables por generaciones para los dos primeros, y prefiero no inventarlas. Lo que sí veo es el coste emocional: la indefinición no libera, agota. Cuesta mucho vincularse con alguien a quien no te atreves a llamar por su nombre.

Hay un contraste curioso: menos etiquetas en la pareja, más etiquetas en la identidad. Según Gallup (2025), casi uno de cada cuatro adultos de la generación Z en EE. UU. se identifica como algo distinto de heterosexual (el 23 % de los de 18 a 29 años, frente al 3,1 % entre los 50 y 64 y el 2,3 % a partir de los 65). La experiencia de los más jóvenes con la sexualidad es más diversa y más hablada. Pero eso es un cambio de cómo se piensa y se nombra, no necesariamente de cómo se vive el amor.

¿Hay una vuelta al matrimonio en la generación Z?

Es una de las preguntas del momento, y los datos dicen que no hay vuelta, hay aplazamiento con nostalgia:

  • Comportamiento (EE. UU.): la tasa de matrimonio entre las mujeres de 18 a 29 años bajó de 53,7 a 48,8 por cada 1.000 solteras entre 2010 y 2024, y la tasa global se mantuvo prácticamente estable (de 31,9 a 31,2). El divorcio, por su parte, fue de 14,2 por cada 1.000 mujeres casadas en 2024, algo menos que el 14,4 de 2023.
  • Deseo: en una encuesta de Barna de 2024, el 78 % de los jóvenes de la generación Z que aún no se han casado esperan hacerlo algún día (el 73 % de los millennials). Pero esa misma generación es la que menos valora el matrimonio como institución (81 %, la cifra más baja de las generaciones encuestadas) y la menos convencida de que sea necesario para criar hijos.
  • Proyecciones (Reino Unido): un informe de la Marriage Foundation, una entidad que defiende el matrimonio y que trabaja con datos de la Oficina Nacional de Estadística británica, estima que, si se mantienen las tendencias actuales, se casará el 58 % de las mujeres y el 56 % de los hombres de la generación Z. Para los boomers calcula entre el 77 % y el 96 %, y para la generación X, entre el 62 % y el 82 %.
  • España: las bodas subieron un 1,7 % en 2024, pero la edad media a la que se casa la gente sigue subiendo.

Mi conclusión: los jóvenes de hoy siguen queriendo una pareja estable, y muchos desean casarse, pero retrasan el paso por razones económicas, por miedo a repetir el divorcio de sus padres y porque el compromiso ya no se sigue de un guión obligado. No es una vuelta atrás; es un compromiso a plazos.

Boomers, X, millennials y Z cara a cara

Esta tabla resume las diferencias. Combina datos medidos (marcados como tales) con tendencias que observo en consulta, que son orientativas y no se aplican a todas las personas de una generación.

Dimensión Baby boomers Generación X Millennials Generación Z
Cómo se conocen Trabajo, amigos y familia Trabajo y amigos; primeros chats e internet Apps de citas y amigos de amigos Apps y redes sociales (mensajes directos)
Qué esperan de la pareja Estabilidad y papeles definidos Equilibrio entre familia y trabajo Compatibilidad y crecimiento personal Autenticidad y claridad emocional
Cómo discuten Silencio prolongado o estallido Por logística y por falta de tiempo Por mensajes y por agenda Con distancia, bloqueo o desaparición
Qué los separa Jubilación, nido vacío, infidelidad tardía Desgaste y desajuste del deseo Presión de la agenda, hijos tardíos y estrés Indefinición y falta de compromiso formal
Cuándo piden ayuda Tarde, en plena crisis o por la erección Cuando alguien ya se ha ido emocionalmente Pronto, a menudo por ansiedad de rendimiento Ante bloqueos al empezar (dolor, miedo, vergüenza)
Dato medido Divorciados entre los mayores de 65: del 5,2 % al 15,2 % (EE. UU., 1990-2022) Edad media al divorciarse en España: 49,0 años ellos y 46,6 ellas (2024) Edad media al casarse en España: 39,9 ellos y 37,2 ellas (2024) Convivencia en pareja entre 18 y 29 años: del 42 % al 32 % (EE. UU., 2014-2024)

Lo que ningún algoritmo ha cambiado

Con todas las diferencias, hay cuatro cosas que funcionan igual a los 25 que a los 75:

  • Hablar de sexo. Un metaanálisis publicado en 2022 en Journal of Family Psychology relaciona la comunicación sexual de la pareja con una mayor satisfacción en la relación y en el sexo. Las parejas que se cuentan lo que les gusta y lo que no están más satisfechas, tengan la edad que tengan.
  • Gestionar la diferencia de deseo. Siempre habrá uno que desee más y otro que desee menos. Lo que separa a las parejas no es la discrepancia, sino cómo se resuelve: con negociación y cariño, o con presión y rechazo.
  • Cuidar la intimidad que no es sexo. Mirarse, tocarse sin buscar nada, preguntar «¿cómo estás?» y escuchar la respuesta. Es lo primero que se pierde y lo que más cuesta recuperar.
  • Pedir ayuda a tiempo. En mi experiencia, las parejas suelen esperar años antes de consultar. Cuanto antes se aborda, más fácil es recuperar lo que había.

Cuando tu pareja es de otra generación

Una diferencia de diez o quince años suma dos problemas: referentes distintos (música, humor, tecnología) y etapas vitales descompasadas (uno quiere hijos y el otro ya los ha criado; uno piensa en jubilarse y el otro está empezando). Si es tu caso, tres reglas básicas: no usar la edad como argumento en una discusión, hablar pronto de los planes a diez años vista y respetar que no se tiene el mismo ritmo. Es un tema que merece su propio artículo y lo trataré más adelante.

4 casos de consulta: una pareja por generación

Los cuatro casos que siguen son casos compuestos, construidos a partir de situaciones habituales en consulta. Los nombres y los detalles son ficticios.

Cuatro mesillas de noche con objetos que reflejan los casos de pareja de boomers, generación X, millennials y generación Z
Cuatro casos de consulta, una pareja por generación

Caso 1 · Boomers: Ramón y Pilar, un divorcio gris a punto de firmarse

Ramón tenía 67 años y era exdirector de una sucursal bancaria. Pilar, 64, maestra jubilada. Llevaban 41 años casados y tenían tres hijos ya independientes. Cuando Ramón se jubiló, Pilar llenó su agenda de voluntariado, coro y viajes con amigas. Él se quedó en casa sin saber qué hacer.

Llevaban seis años sin sexo. Ramón tenía erecciones cada vez más débiles; Pilar sentía dolor en la penetración por la sequedad de la menopausia y lo evitaba. Su médico de familia le recetó sildenafilo y Ramón volvió ilusionado a buscarla. Pilar lo rechazó una y otra vez. Él lo vivió como un desprecio y empezó a escribirse con una viuda del club de bridge. Ocho meses después, Pilar vio un mensaje en su móvil y dijo que quería el divorcio. Los hijos no entendían nada: «Mamá, ¿a vuestra edad?».

Diagnóstico: disfunción eréctil de origen mixto (vascular leve y ansiedad), síndrome genitourinario de la menopausia con dispareunia y una brecha total de comunicación sexual de años. Tratamiento: 14 sesiones de terapia de pareja, estrógeno vaginal local y lubricación pautados por su ginecóloga, sildenafilo con seguimiento, y un trabajo de intimidad sin penetración. Primero hubo que reparar la infidelidad: Ramón tuvo que escuchar, sin defenderse, el daño que había hecho.

Resultado: no se divorciaron. A los catorce meses seguían juntos, con una relación distinta. Pilar dice que no ha olvidado nada, pero que por primera vez Ramón la escucha.

Caso 2 · Generación X: Marta y Javier, el sándwich que se rompió en la cocina

Marta, 47 años, enfermera de urgencias, y Javier, 49, comercial. Veinte años juntos, dos hijos de 16 y 13 años, y el padre de ella con alzhéimer viviendo en casa desde hacía dos años. Marta dormía cuatro horas, tenía un humor cada vez más plano y llevaba dos años sin sexo. Javier se sentía invisible en su propia casa.

Javier empezó a hablar cada noche por WhatsApp con una compañera de trabajo que «lo escuchaba». Nunca se acostaron, pero él le decía cosas que no le decía a su mujer. Una noche, Marta vio un mensaje que decía «contigo sí puedo hablar» en el móvil de la mesilla. Lo leyó en voz alta en la cocina, delante de su hija pequeña. Javier se fue tres meses a casa de su hermano.

Diagnóstico: desajuste de deseo sostenido, agotamiento de cuidadora con síntomas depresivos (derivada a su médico para valoración) e infidelidad emocional. Tratamiento: 12 sesiones de terapia de pareja, centro de día para el padre de Marta para recuperar horas de descanso, citas de pareja programadas sin móviles, y un cierre limpio de la relación de Javier con su compañera.

Resultado: Javier volvió a casa a los cuatro meses. El sexo regresó, de forma modesta, a un par de veces al mes. Marta dice que lo que de verdad cambió las cosas fue volver a besarse sin que nadie pidiera nada a cambio.

Caso 3 · Millennials: Álvaro y Laura, el calendario que mató el deseo

Álvaro, 37 años, ingeniero, y Laura, 35, abogada, se conocieron en una app de citas hacía cuatro años. Llevaban dieciocho meses buscando un embarazo. El sexo se había convertido en una tarea con fecha: los días fértiles, con alarma en el móvil. Álvaro empezó a perder la erección justo esos días. Laura lo vivió como rechazo.

La crisis estalló una noche, cuando ella encontró en el móvil de él un perfil de la app que seguía activo («lo había olvidado», dijo él) y, ya en plena discusión, Álvaro confesó que a solas no tenía ningún problema, porque se masturbaba con pornografía con total normalidad. Laura preguntó llorando: «¿Con una pantalla sí y conmigo no?».

Diagnóstico: disfunción eréctil psicógena situacional por ansiedad de rendimiento, en el contexto de sexo bajo presión de agenda y de comparación constante. Tratamiento: separar el sexo placentero del sexo reproductivo, ejercicios de focalización sensorial, reducción del uso de pornografía, estrategias de ansiedad y, en paralelo, una consulta de fertilidad para dejar de cargar al dormitorio con un problema médico.

Resultado: a los seis meses, las erecciones de Álvaro habían vuelto a la normalidad en los encuentros no programados. Siguen con el proceso de fertilidad, pero ya no es el sexo el que carga con él.

Caso 4 · Generación Z: Lucía y Pablo, dos años «sin etiquetas»

Lucía, 24 años, enfermera, y Pablo, 26, programador. Llevaban dos años juntos sin haberse llamado nunca «novios». Ella soñaba con casarse «como mis abuelos»; él evitaba cualquier conversación sobre el futuro. Además, llevaban dieciocho meses sin conseguir una penetración completa, porque a Lucía le dolía y le daba mucho miedo.

Pablo empezó a escribirse con otras chicas por mensajes directos «sin hacer nada». Tras una discusión, Lucía le dijo que quería una respuesta, y él la bloqueó en todas las redes durante diez días. Ella se presentó en su casa llorando. Su amiga le dijo que eso era ghosting; Pablo decía que solo necesitaba espacio.

Diagnóstico: vaginismo (dolor y miedo a la penetración) con ansiedad anticipatoria y una relación sin definir. Tratamiento: terapia sexual con educación sobre la anatomía, ejercicios graduales de exposición, tratamiento de la ansiedad y, en paralelo, terapia de pareja para ponerle nombre al vínculo. Pablo aprendió a decir «necesito un tiempo» en lugar de desaparecer.

Resultado: a los cinco meses tuvieron su primera penetración sin dolor. Ya no hablan de casarse «ya», pero sí de un plan. En una de las sesiones, por primera vez, se llamaron «novios» en voz alta.

¿Cuándo pedir ayuda?

No hace falta que haya una infidelidad, un diagnóstico o un grito para pedir ayuda. Estas señales indican que ha llegado el momento:

  • Lleváis meses sin intimidad física y ninguno se atreve a sacar el tema.
  • Una conversación sobre sexo termina siempre en reproches, silencio o desaparición.
  • Uno de los dos ha dejado de confiar, o ha empezado a buscar fuera lo que no encuentra dentro.
  • Un problema sexual (erección, eyaculación, dolor, falta de deseo) condiciona la relación, y evitáis hablar de él.
  • Tienes la sensación de que lo que antes os unía ya no existe, aunque no sepas explicar qué ha pasado.

El primer paso no tiene por qué ser grande: ya tienes arriba el test y la primera valoración gratuita. La terapia, presencial o por videollamada, es para parejas de 30 años y de 70. Lo único que no ayuda es esperar a que el problema se resuelva solo.

Preguntas frecuentes sobre las parejas por generaciones

¿Qué generación tiene más sexo?

Ninguna «gana» de forma limpia. La frecuencia desciende con la edad, y además ha bajado en conjunto: en EE. UU., el porcentaje de adultos de 18 a 64 años que tiene sexo semanal cayó del 55 % al 37 % entre 1990 y 2024, y el análisis de esos datos señala a la generación Z como la que más ha descendido. Más que cuántas veces, importa cómo: la comunicación sexual de la pareja se asocia con más satisfacción en la relación y en el sexo.

¿Por qué la generación Z tiene menos relaciones sexuales?

Los datos de EE. UU. señalan varias piezas: menos jóvenes de 18 a 29 años conviven con una pareja (del 42 % al 32 % entre 2014 y 2024) y el tiempo social semanal ha caído de 12,8 horas en 2010 a poco más de 5 en 2024. Son asociaciones, no una causa única demostrada, y la frecuencia no mide el deseo: menos encuentros pueden significar menos oportunidades, más ansiedad o más tiempo de espera hasta tener pareja estable.

¿Qué generación es más infiel?

No conozco datos fiables y comparables que permitan señalar a una generación, y desconfío de las cifras que lo hacen: la infidelidad se declara poco y se mide mal. Lo que sí cambia es el formato: mensajes, redes y aplicaciones facilitan una infidelidad emocional que no llega a ser física. Las causas, en cambio, se repiten a cualquier edad: soledad dentro de la pareja, desajuste del deseo y una oportunidad que se aprovecha.

¿Los millennials se casan menos?

Se casan más tarde. En España, la edad media al casarse es de 39,9 años en los hombres y 37,2 en las mujeres (INE, 2024). En EE. UU. la tasa de matrimonio refinada apenas ha cambiado entre 2010 y 2024 (de 31,9 a 31,2 por cada 1.000 mujeres solteras), pero entre las mujeres de 18 a 29 años ha bajado de 53,7 a 48,8. El matrimonio no ha desaparecido: se ha desplazado en el calendario.

Bibliografía

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