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Lesión medular y sexualidad

El efecto de una lesión de la médula espinal sobre la respuesta sexual depende del nivel y la gravedad de la lesión, así como de circunstancias personales como el estado relacional, las experiencias sexuales anteriores a la lesión, y las actitudes hacia la experimentación sexual.

lesión medular
Una lesión de la médula espinal constituye un evento traumático que altera la vida de la persona lesionada y que generalmente se asocia con un deterioro de las funciones motora, sensorial y sexual.

La educación en sexualidad y la terapia de pareja a menudo no se integra adecuadamente en el proceso de rehabilitación, a pesar del riesgo que estos trastornos suponen para la autoestima y la autoimagen como ser sexual.

Si las disfunciones sexuales no se diagnostican a tiempo ni se abordan de forma integral, el deterioro derivado de una lesión medular traumática o no traumática -como la mielitis- pueden llevar al aislamiento físico y emocional, al riesgo social, al retraimiento psicológico y a trastornos como la ansiedad y la depresión.

Estas circunstancias llevan consigo la instauración de un círculo vicioso en el que la baja libido resultante empeora la situación de forma progresiva y propicia la inhibición total de la respuesta sexual a nivel corporal y mental.

Cómo afecta la lesión medular

Anatomía de la médula espinal

La ubicación y gravedad de la lesión de la médula espinal son los principales determinantes del funcionamiento sexual.

En este esquema se resume el potencial de respuesta sexual en función del tipo de lesión de la médula espinal.

En el período inmediatamente posterior a la lesión, tanto hombres como mujeres pierden la capacidad de tener respuestas sexuales reflejas.

Una vez que regresan los reflejos, la excitación refleja en hombres y mujeres (erección en hombres y lubricación vaginal en mujeres) se puede lograr con estimulación genital si los segmentos sacros espinales y la vía periférica que transmite las sensaciones (cola de caballo) están intactos.

Sin embargo, estas respuestas reflejas son generalmente de corta duración, limitadas a la duración de la estimulación, y a menudo no logran una respuesta completamente satisfactoria.

Son las características del problema medular las que condicionan la capacidad para llegar el orgasmo.

Si la lesión es inferior al duodécimo segmento del cordón torácico (T11), se puede esperar que los hombres y las mujeres experimenten una excitación psicógena en respuesta a los estímulos eróticos imaginativos y de los cinco sentidos.

La literatura sexológica revisada concluye que incluso en ausencia de manifestaciones físicas de excitación, los individuos con lesión medular describen una excitación subjetiva similar a los controles no lesionados.

La solución

Si se padecen secuelas sexuales como consecuencia de una mielitis u otro problema de la médula, debe acudirse cuanto antes a la consulta de un sexólogo, preferiblemente un médico que además de entender la repercusión orgánica de la lesión, tenga experiencia y cualificación en ejercer una terapia sexual apropiada dirigida a rehabilitar todas las fases de la respuesta sexual, con hincapié en las que estén más afectadas.

En todos los casos puede producirse una mejoría en la satisfacción sexual, que se reflejará a nivel corporal más o menos en función de las características de la lesión.

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Terapeuta sexual y de pareja

Lesiones medulares y sexualidad. Casos reales

mielitis y sexualidad

Mielitis transversa y afectación sexual

Leí su artículo sobre los beneficios de no eyacular y me interesaría hacerle una consulta sobre una situación que presenté hace más de seis años y me afectó la parte reproductiva.

Hace 6 años y medio me afectó una mielitis transversa que me dejó 48 horas invalido de la mitad del tórax para abajo, sólo podía mover de los brazos hacia arriba, aunque conservaba la función respiratoria.

El neurólogo me dijo que la región afectada de mi médula era T4 o T5 según pruebas físicas y de imagen que me hicieron.

Aunque fui recuperando movilidad lentamente al transcurrir los días, permanecí aún con falta de sensibilidad a la temperatura desde más o menos el nivel de apéndice xifoides hacia abajo (no sentía frío ni calor totalmente y me sentía algo anestesiado) y además sentía una mezcla de ardor, frío y dolor de moderado a leve en el interior del pene.

Hospitalizado, a las pocas horas de mi inflamación medular me pusieron una sonda uretral, y la tuve por varios días mientras recibía tratamiento.

Habiendo recuperado la movilidad, a los días fui dado de alta y me retiraron la sonda, pero no estaba recuperado al 100% ya que presentaba un dolor agudo en la espalda por las noches que desaparecía por las mañanas, vejiga neurogénica, falta de control de esfínteres, falta de erección, seguía con falta de sensibilidad a la temperatura, y no podía caminar muy rápido.

Sentía ardor-frío intenso en la uretra y algo que se me movía dentro de ella. Pensé que eran bacterias y me eché alcohol dentro, algo que no supe si me llegó a doler mucho porque no sentía dolor totalmente.

Para el dolor agudo, que la neuróloga llamó neuropático, me recetaron pregabalina, y me sentía mejor a las horas de tomarla, pero la dejé con el tiempo.

A 6 años y 6 meses:

  1. Tengo control total de vejiga y esfínteres, aunque a veces cuando orino, solo al inicio de la salida del flujo, el chorro se comporta como un auto sincrónico que pide velocidad, o sea a voluntad orino, pero inconscientemente el flujo se retrae al principio y después adquiere fuerza; y después de orinar siento el ardor-frio con mayor intensidad, pero después va disminuyendo.
  2. Troto normalmente, y también corro, pero no muy veloz. Si acelero mucho siento debilidad y pérdida de equilibrio en las piernas.
  3. A veces (durante situaciones de mucho estrés) de pronto me flaquean o pierdo fuerza en las piernas, siento que me voy al suelo y busco donde agarrarme.
  4. Mi sensibilidad a la temperatura desde la mitad de la espalda hasta la planta de los pies no la tengo al 100% pero si en un 70% por lo que siento suficiente para protegerme del frío o calor intenso, pero es una sensación rara.
  5. Puedo tener erecciones, pero son incómodas y con poco placer en el glande debido al ardor o frío (a veces muy intenso por las noches y tenue por las mañanas) que siento en la uretra del pene, por lo que una fricción me resulta desagradable haciendo que ni siquiera me masturbe, y por tanto estoy sin eyacular y sin tener orgasmos. El último orgasmo/eyaculación lo tuve ese día de mayo del 2014 horas antes que presentara el síndrome.
  6. A veces siento espasmos en las piernas, siento que se me mueven solas y al mismo tiempo siento que se me mueve la sección de uretra del pene; a veces siento como una aguja adentro.
  7. No tomo ningún medicamento, la pregabalina que me aplacaba la sensación de ardor la dejé hace dos años.

Preguntas

Habiendo explicado mi situación y su origen, mis preguntas son:

  1. ¿Será que la falta de sensibilidad a la temperatura y la sensación de ardor-frío que a veces es intenso en la uretra del pene se relacionan estrechamente y tienen su origen en la mielitis transversa que tuve? O ¿haberme echado alcohol, aunque no fue mucho, por la uretra me afectó hasta al punto de sentir ardor aún después de más de 6 años? o, ¿el ardor no es sino a raíz de la misma desmielinización de la médula espinal que está afectando las fibras sensitivas del pene?
  2. Tuve la sonda uretral por 9 días. ¿Habrá afectado a mi uretra tener la sonda por un tiempo prolongado?
  3. ¿Tengo alto riesgo de cáncer de próstata por no eyacular? ¿El semen no eyaculado se reabsorbe o representa algún peligro?

Respuestas del médico sexólogo

  1. Si actualmente existe desmielinización, es muy probable que ésta sea el origen de estos síntomas del pene. Asimismo, el gran error de haberse echado alcohol puede haber producido una lesión crónica en la mucosa del pene, aunque es improbable.
  2. No lo creo. 9 días de sondaje uretral es un periodo breve que no suele dar problemas.
  3. Hasta el momento no se ha demostrado relación entre la contención eyaculatoria y el riesgo de padecer cáncer de próstata.

Anorgasmia secundaria a mielitis transversa

Hola, espero que puedan ayudarme. Hace 7 años sufrí una Mielitis Transversa, y perdí la movilidad de mis piernas durante 3 meses. Me he recuperado en un 90%, camino, hago deporte, etc.

Pero tengo las secuelas normales de ésta enfermedad: entumecimiento a la altura de T4 (donde fue la lesión), hiperreflexia y ardores en el cuerpo. Los disminuyo con la toma de gabapentina de 600 mg una o dos veces al día.

Recuerdo que cuando retomé mi vida sexual, asocié el entumecimiento con la falta de orgasmos, pues yo ubico el clímax en el estómago, y como éste estaba entumecido, sentía como si tuviera puesto un candado y daba por hecho que no volvería a sentir orgasmos jamás. Y así ha sido durante 7 años.

Algunas veces, con mucho trabajo y tiempo de excitación, logro sentir un poco más, pero no logro el orgasmo total. Desconozco si el origen de mi problema es neurológico, medicamentoso o psicológico. Ayúdenme, por favor.

Tuve otra pareja y el sexo era un poco más intenso que con la actual. También por consejo de un sexólogo intenté la masturbación sin ningún resultado.

Cabe mencionar que vengo de una familia conservadora y muy católica, aunque mi manera de pensar con respecto al sexo haya cambiado con los años casi totalmente.

Último punto: mi capacidad de concentración es mínima, y me distraigo fácilmente en todo momento. Mil Gracias, y espero sus consejos. Hasta Pronto.

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