Desde que los fármacos agonistas del receptor GLP-1 —semaglutida (Ozempic, Wegovy) y tirzepatida (Mounjaro)— irrumpieron en el tratamiento de la diabetes y la obesidad, las consultas de disfunción eréctil han incorporado un motivo nuevo: hombres que adelgazan con estos medicamentos, mejoran su analítica y su tensión, pero que notan que su erección falla o que el deseo sexual ha bajado de forma inexplicable.
Este artículo responde con rigor científico y lenguaje accesible a las preguntas que más se repiten en consulta: ¿Ozempic causa disfunción eréctil o la mejora? ¿Sube o baja la testosterona? ¿Por qué tengo menos ganas de sexo? ¿Se puede tomar Viagra o Cialis al mismo tiempo? Y, sobre todo: ¿qué puedes hacer si estás en esta situación?

Si has llegado aquí porque notas que tu erección ha cambiado desde que empezaste el tratamiento, el primer paso es medirlo. El test SHIM (Sexual Health Inventory for Men), validado internacionalmente y disponible en esta web, permite evaluar tu función eréctil en cinco preguntas y obtener un resultado orientativo en menos de dos minutos. Es anónimo, gratuito y puede ayudarte a poner palabras a lo que estás viviendo.
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© Dr. Antonio Ferrández Infante, Médico Especialista en Medicina Sexual y Terapia de Pareja. Artículo redactado con bibliografía actualizada a septiembre de 2026. El contenido de este artículo es de carácter informativo y no sustituye a la consulta médica personalizada.
¿Qué encontrará aquí?
¿Ozempic causa disfunción eréctil?
Es la pregunta que con más frecuencia llega a mi consulta desde que Ozempic, Wegovy y Mounjaro se generalizaron. Y la respuesta honesta es que los datos disponibles muestran señales que merecen atención, pero el cuadro completo es más complejo de lo que titula cualquier artículo de prensa.
Para entender bien el problema, hay que empezar por el contexto del paciente tipo: hombres con obesidad, diabetes tipo 2, síndrome metabólico o alguna combinación de estas condiciones. Todas ellas, por sí solas, son causas bien establecidas de disfunción eréctil.
El hombre que lleva diez o quince años con sobrepeso importante, glucemia mal controlada y un estilo de vida sedentario ya tiene deterioro vascular y hormonal antes de que le receten el primer GLP-1. Separar el efecto del fármaco del efecto de la enfermedad de base es el reto metodológico central de toda la investigación actual sobre este tema.
Los estudios más recientes sobre GLP-1 y disfunción eréctil (2023-2025)
En 2024, un análisis de grandes bases de datos de historiales clínicos electrónicos (incluyendo la plataforma TriNetX, que agrupa datos de decenas de millones de pacientes en Estados Unidos) encontró una asociación estadísticamente significativa entre el uso de agonistas del receptor GLP-1 y un mayor número de diagnósticos nuevos de disfunción eréctil, al comparar con otros fármacos antidiabéticos o con pacientes similares no tratados con GLP-1. El hallazgo se publicó y generó un intenso debate científico.
Los autores del propio análisis reconocieron la limitación principal: el diseño observacional no permite establecer causalidad. Existe lo que los epidemiólogos llaman «sesgo de indicación»: los pacientes que reciben GLP-1 son, en promedio, más obesos, más diabéticos y metabólicamente más deteriorados que los comparadores usados. La disfunción eréctil puede ser una consecuencia de esas condiciones previas, no del fármaco.
Un estudio publicado en eClinicalMedicine (The Lancet) a principios de 2025 intentó abordar este sesgo restringiendo el análisis a hombres con obesidad sin diabetes que tomaban semaglutida. El resultado fue matizado: la incidencia de disfunción eréctil propiamente dicha no era significativamente mayor que en controles con el mismo perfil metabólico, pero sí se observaba una reducción del deseo sexual estadísticamente significativa en el grupo tratado con GLP-1, incluso en etapas tempranas del tratamiento, antes de que la pérdida de peso fuera relevante. Este último dato es importante: si el efecto sobre el deseo aparece antes de que el peso cambie de forma sustancial, hay un mecanismo farmacológico directo implicado, más allá de los cambios metabólicos.
Los sistemas de farmacovigilancia de la FDA (FAERS) y de la EMA (EudraVigilance) acumulan notificaciones espontáneas de disfunción eréctil, eyaculación retardada y pérdida de libido asociadas a semaglutida, liraglutida y tirzepatida.
La frecuencia oficial en los prospectos sigue catalogada como «desconocida» —categoría que se usa cuando la evidencia postcomercialización existe pero no es suficiente para cuantificar con precisión el riesgo—, porque los ensayos clínicos pivotales no incluyeron resultados de función sexual masculina entre sus variables principales.
¿La culpa es del fármaco o de la enfermedad de base?
La respuesta más honesta clínicamente es: probablemente de ambos, en proporciones que varían según cada persona y su situación de partida. Hay al menos tres mecanismos por los que Ozempic o Mounjaro podrían influir de forma directa sobre la función eréctil y el deseo sexual, al margen de la enfermedad:
- Efecto dopaminérgico central: los receptores GLP-1 se expresan en áreas del cerebro relacionadas con el placer y la motivación —el área tegmental ventral y el núcleo accumbens, que forman el llamado circuito de recompensa mesolímbico—. La activación continuada de estos receptores reduce las conductas de búsqueda de recompensa, que es precisamente lo que frena el apetito. Pero el deseo sexual también está mediado por dopamina en estas mismas vías, y puede verse atemperado en el proceso.
- Caída transitoria de testosterona por déficit calórico sostenido: cuando el cuerpo entra en un balance energético negativo prolongado —que es exactamente lo que producen los GLP-1 al reducir el apetito de forma marcada—, el hipotálamo lo interpreta como una señal de escasez o estrés. Una de las respuestas adaptativas es la reducción de la señal reproductiva: baja la pulsatilidad de la GnRH, descienden LH y FSH, y la testosterona libre puede caer de forma transitoria. Este fenómeno se conoce bien en atletas de resistencia en fases de déficit calórico y en pacientes tras cirugía bariátrica.
- Enlentecimiento del vaciado gástrico y absorción retardada de fármacos orales: los GLP-1 reducen la motilidad del tracto gastrointestinal superior. Los inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5 (sildenafilo, tadalafilo, vardenafilo) tomados en comprimido ven su absorción ralentizada, lo que retrasa y puede atenuar el efecto en el momento de la relación sexual.
Dicho todo esto, es igualmente importante señalar que la mayoría de los hombres con obesidad que pierden entre el 10% y el 20% de su peso corporal con Ozempic, Wegovy o Mounjaro reportan, a los 9-18 meses, una mejora en la función eréctil. El mecanismo es la corrección del hipogonadismo funcional y la mejora del perfil vascular, que se explican en el apartado siguiente. La clave es si el paciente partía de ese hipogonadismo funcional reversible por exceso de grasa, y si la pérdida de peso se consolida.
¿Ozempic y Mounjaro suben o bajan la testosterona?
Esta es la pregunta con la respuesta más sorprendente: a largo plazo, en la mayoría de los hombres con obesidad, probablemente la suben. Para entender el porqué hay que explicar primero la relación entre el tejido adiposo y la testosterona.

Hipogonadismo funcional en el hombre con sobrepeso: por qué la grasa roba testosterona
El tejido adiposo no es un depósito inerte de energía. Es un órgano endocrino activo con múltiples funciones metabólicas y hormonales. Entre las más relevantes para la salud sexual masculina se encuentra la producción de aromatasa, la enzima que convierte testosterona en estradiol —la principal hormona esteroide femenina—. A mayor cantidad de tejido graso, especialmente grasa visceral abdominal, mayor actividad de aromatasa, mayor conversión de testosterona a estradiol, y menor testosterona libre y total disponible.
El resultado de este mecanismo es un estado que los endocrinólogos denominan hipogonadismo hipogonadotropo funcional. Los testículos están intactos y podrían producir testosterona. El eje hipotálamo-hipofisario está anatómicamente sano. Pero el exceso de estrógenos circulantes —generado por la conversión periférica en el tejido adiposo— inhibe por retroalimentación negativa la secreción hipotalámica de GnRH y, en cascada, la de LH y FSH. Sin señal de estimulación, los testículos producen menos testosterona. El resultado es un hombre con testosterona baja o límite sin lesión estructural identificable, cuya causa real es el exceso de grasa y que, por tanto, es potencialmente reversible.
Los metaanálisis que agrupan datos de miles de pacientes con distintas estrategias de pérdida de peso —dieta, ejercicio, cirugía bariátrica, fármacos— muestran de forma consistente que cada 10% de reducción del índice de masa corporal se asocia con un aumento de aproximadamente 2 a 3 nmol/L de testosterona total. No todos los hombres obesos responden igual —hay una variabilidad individual importante—, pero la tendencia es reproducible y clínicamente significativa.
Los GLP-1, al producir una pérdida de peso sostenida del 15% al 22%, deberían asociarse a una mejora relevante de la testosterona en aquellos hombres que partían de este hipogonadismo funcional. Y los datos disponibles hasta 2025 así lo confirman: varios estudios clínicos con semaglutida documentan aumentos de testosterona total de entre 3 y 7 nmol/L a las 52 semanas, diferencias estadística y clínicamente significativas en un subgrupo relevante de pacientes.
Tirzepatida frente a terapia de reemplazo de testosterona: ¿cuál tiene más sentido?
Tirzepatida (Mounjaro) actúa sobre dos receptores simultáneamente: el GLP-1 y el GIP (péptido insulinotrópico dependiente de glucosa). Este mecanismo dual produce una pérdida de peso media superior —hasta el 20-22% del peso inicial en los ensayos SURMOUNT, frente al 15-17% de semaglutida en los ensayos STEP—. A mayor pérdida de peso, mayor reducción del tejido adiposo visceral, mayor reducción de la aromatización periférica, y mayor posibilidad de recuperación de la testosterona endógena.
Aquí emerge una pregunta clínica relevante que cada vez se plantea con más frecuencia: ¿vale más perder peso con tirzepatida y que el propio cuerpo recupere su testosterona, o añadir directamente terapia de reemplazo de testosterona (TRT)?
La TRT tiene efectos rápidos y predecibles sobre la libido, la energía y la erección. Pero tiene dos inconvenientes mayores cuando se usa en un hombre obeso con hipogonadismo funcional. El primero: suprime la producción testicular endógena; con el tiempo, los testículos reducen su tamaño y su actividad secretora, y el eje se adapta a la testosterona exógena.
Si el paciente interrumpe la TRT sin haber resuelto la obesidad de fondo, vuelve al punto de partida —o incluso a un estado peor, con un eje hipofisario-gonadal que ha «olvidado» cómo producir testosterona de forma autónoma—. El segundo: no aborda la causa. Si la razón por la que la testosterona está baja es el exceso de grasa y la aromatización periférica, administrar testosterona desde fuera no resuelve ese mecanismo.
La pérdida de peso con GLP-1, en cambio, busca restablecer el eje hormonal desde la raíz: reduce la aromatización periférica, relaja la inhibición hipotalámica por retroalimentación negativa, y permite que el eje hipotálamo-hipofisario-gonadal recupere su funcionamiento autónomo. Es más lento —los cambios hormonales significativos se observan a partir de los 3-6 meses—, pero es más fisiológico y más sostenible si el peso se mantiene.
En casos de hipogonadismo sintomático severo con testosterona muy baja, un médico puede valorar ambas estrategias de forma escalonada o complementaria. Pero en el hipogonadismo funcional por obesidad moderada-severa, el GLP-1 tiene un argumento terapéutico sólido antes de recurrir a la TRT.
¿Por qué tengo menos ganas de sexo desde que tomo Ozempic?
La reducción del deseo sexual es uno de los efectos menos documentados en los prospectos de estos fármacos, pero uno de los que con mayor frecuencia se reportan en consulta. Lo llamativo es que no siempre va acompañado de un problema de erección propiamente dicho: el hombre puede conseguir y mantener una erección cuando se lo propone, pero sencillamente le apetece menos. La iniciativa desaparece. ¿Qué está ocurriendo?
El circuito dopaminérgico del placer y su relación con el GLP-1
El cerebro humano tiene zonas específicas que se activan ante estímulos placenteros —la comida, el sexo, las relaciones sociales, el logro—. El neurotransmisor protagonista de este sistema de recompensa es la dopamina, y las regiones clave son el núcleo accumbens y el área tegmental ventral, que conforman la vía mesolímbica.
Los receptores GLP-1 están expresados en estas áreas. Cuando Ozempic o Mounjaro los activan de forma sostenida, se produce una reducción de la «urgencia» con la que el cerebro busca recompensas. Es exactamente lo que frena el apetito: la comida pierde parte de su atractivo dopaminérgico. El problema es que este efecto no es selectivo: el deseo sexual, que también se gestiona en estas mismas vías dopaminérgicas, puede verse igualmente atenuado.
Este mecanismo explica un hallazgo clínicamente importante: algunos pacientes reportan reducción del deseo sexual en las primeras semanas de tratamiento con GLP-1, incluso antes de haber perdido una cantidad de peso relevante. Si el efecto sobre la libido apareciera exclusivamente por la bajada de testosterona secundaria a la pérdida de peso, no esperaríamos verlo tan temprano. Su aparición precoz apunta a un mecanismo central, directo del fármaco sobre el sistema de recompensa.
Lo que sí parece claro, a partir de los datos disponibles y de la experiencia clínica, es que este efecto es dosis-dependiente —más pronunciado con dosis más altas, lo que explicaría por qué con Wegovy (hasta 2,4 mg de semaglutida) puede ser más frecuente que con Ozempic (hasta 1 mg)— y en muchos casos parcialmente reversible o se atenúa una vez que la dosis se estabiliza y el sistema se adapta.
La pérdida de peso rápida y su efecto transitorio sobre la testosterona
Existe un segundo mecanismo, independiente del anterior, que contribuye a la reducción de la libido durante las fases de pérdida de peso activa con GLP-1: la caída transitoria de testosterona por déficit calórico sostenido.
Cuando el organismo entra en balance energético negativo prolongado —lo que produce el aumento progresivo de dosis de semaglutida o tirzepatida en los primeros meses de tratamiento—, el hipotálamo lo interpreta como una señal de estrés o escasez de recursos. En respuesta, reduce de forma adaptativa la señal reproductiva: disminuye la frecuencia de los pulsos de GnRH, baja LH y FSH, y la testosterona puede descender de forma transitoria. El cuerpo, evolutivamente, prioriza la supervivencia sobre la reproducción cuando los recursos energéticos escasean.
Este fenómeno —bien documentado en atletas de resistencia en períodos de restricción calórica y en pacientes en los primeros meses tras cirugía bariátrica— suele ser temporal. A medida que el peso se estabiliza en el nuevo valor y el déficit calórico se reduce, la señal reproductiva se recupera progresivamente y la testosterona sube.
Qué puedes hacer mientras tanto: el ejercicio de resistencia muscular (entrenamiento con pesas, trabajo funcional de fuerza) tiene un efecto estimulante directo y bien documentado sobre la producción de testosterona y puede contrarrestar parcialmente esta bajada transitoria. Igualmente relevante es mantener una ingesta proteica adecuada —al menos 1,2-1,6 g por kilogramo de peso ideal al día— para preservar la masa muscular durante la fase de pérdida de peso activa, lo que contribuye a mantener un perfil hormonal más favorable.
¿Afecta Ozempic a la fertilidad masculina y a la calidad del semen?
Esta es, probablemente, la pregunta con menos respuesta científica consolidada en este momento, y es importante ser transparente al respecto en lugar de dar certezas que la evidencia aún no sostiene.
Lo que sabemos:
- Se han identificado receptores GLP-1 en las células de Sertoli y en las células de Leydig del testículo humano y en modelos animales, lo que indica que la semaglutida, la tirzepatida y otros agonistas GLP-1 podrían tener efectos directos sobre la espermatogénesis y la producción local de testosterona testicular.
- Estudios en modelos animales (roedores) muestran que la exposición a agonistas GLP-1 puede modificar parámetros de la movilidad y la morfología espermática, aunque generalmente a dosis muy superiores a las empleadas en clínica humana.
- La Agencia Europea del Medicamento (EMA) y la FDA recomiendan a las mujeres en edad fértil suspender semaglutida al menos dos meses antes de una gestación planeada, por el perfil de seguridad reproductiva del fármaco durante el embarazo. No existe una recomendación equivalente específica para el varón, lo que refleja la ausencia de datos sistemáticos en este subgrupo, no necesariamente la ausencia de riesgo.
Lo que es razonable esperar, aunque sin evidencia definitiva en humanos:
- La mejora del perfil metabólico que acompaña a la pérdida de peso —reducción de la glucemia, la inflamación sistémica y el estrés oxidativo— debería, en principio, mejorar la calidad espermática en hombres con síndrome metabólico, diabetes o inflamación crónica de bajo grado. El estrés oxidativo es uno de los principales factores de daño espermático en estos pacientes.
- La bajada transitoria de testosterona durante la fase de pérdida de peso activa podría reducir temporalmente el volumen eyaculado y el recuento espermático, dado que la espermatogénesis depende de niveles de testosterona intratesticular adecuados.
Mi recomendación clínica: si estás en proceso de búsqueda de paternidad y tomas Ozempic, Wegovy o Mounjaro, consulta con un andrólogo o con tu médico prescriptor antes de continuar el tratamiento sin revisión. No hay razón para asumir que sea un problema, pero tampoco hay datos suficientes para garantizar que no lo sea. La decisión de pausar o continuar el tratamiento debe ser individualizada y considerar todos los factores.
Ozempic o Mounjaro: ¿cuál es mejor para la salud sexual del hombre?
La comparación directa entre semaglutida (Ozempic/Wegovy) y tirzepatida (Mounjaro) en términos específicos de salud sexual masculina no está bien caracterizada en ensayos clínicos diseñados con ese objetivo. Lo que sí tenemos son datos indirectos que permiten extraer algunas conclusiones razonables.
Pérdida de peso: tirzepatida produce, en media, una pérdida de peso del 20-22% (ensayos SURMOUNT), frente al 15-17% de semaglutida (ensayos STEP). Mayor pérdida de peso implica mayor reducción de masa adiposa visceral, mayor reducción de la actividad aromatasica periférica, y mayor posibilidad de recuperación de la testosterona endógena en hombres que partían de un hipogonadismo funcional por obesidad.
Efectos metabólicos adicionales: tirzepatida muestra resultados superiores también en control glucémico, reducción de triglicéridos y mejora de la sensibilidad a la insulina. Todo ello favorece la salud endotelial vascular, incluida la del tejido eréctil peneano, a largo plazo.
Posibles efectos sobre el sistema dopaminérgico: ambas moléculas activan el receptor GLP-1, que es el mecanismo por el que actúan sobre el sistema de recompensa. Tirzepatida añade la activación del receptor GIP, cuyo papel en la regulación del deseo y la motivación sexual es menos conocido. Los datos clínicos disponibles no permiten afirmar que una molécula produzca menos reducción de libido que la otra.
Conclusión práctica: si el objetivo terapéutico incluye la recuperación de la función sexual a través de la mejora metabólica y hormonal, tirzepatida tiene, sobre el papel, más probabilidades de lograrlo en más pacientes y con mayor magnitud, por su mayor potencia de pérdida de peso. Pero la elección entre uno y otro debe basarse siempre en el perfil clínico completo, la indicación aprobada en cada caso (Ozempic está indicado para diabetes tipo 2; Wegovy y Mounjaro, para el manejo del sobrepeso y la obesidad) y la prescripción médica supervisada.
Qué dice el prospecto de Ozempic y Mounjaro sobre los efectos sexuales
Si has buscado en el prospecto de Ozempic, Wegovy o Mounjaro información sobre sus efectos en la sexualidad masculina, probablemente habrás salido con más dudas que respuestas. Y hay una razón estructural para ello: los ensayos clínicos pivotales que condujeron a la aprobación de estos medicamentos no midieron de forma sistemática los resultados de función sexual masculina como variables principales ni secundarias.
En el ficha técnica de semaglutida (Ozempic/Wegovy), los efectos adversos sobre la función sexual no aparecen entre los frecuentes (que afectan a más de 1 de cada 100 pacientes) ni entre los poco frecuentes (más de 1 de cada 1.000). La disfunción eréctil y la disminución del deseo sexual aparecen bajo la categoría «frecuencia desconocida», lo que significa que la señal procedente de la farmacovigilancia postcomercialización existe, pero la información disponible no permite estimar la frecuencia con precisión.
Lo que sí recoge el prospecto de semaglutida, y que es relevante para la función sexual, es el aviso sobre cambios en el estado de ánimo. En 2024, la EMA emitió una comunicación de seguridad señalando que existe una señal de posible riesgo aumentado de ideación suicida y síntomas depresivos con agonistas del receptor GLP-1, aunque la causalidad directa no ha sido demostrada de forma concluyente. Esta relación importa porque la depresión y la ansiedad son causas frecuentes y reconocidas de reducción del deseo sexual y de disfunción eréctil de componente psicógeno.
El prospecto de tirzepatida (Mounjaro) presenta un perfil similar: los efectos sobre la función sexual no están cuantificados de forma prospectiva.
Lo que esto significa para ti: que si experimentas cambios en tu vida sexual desde que empezaste con uno de estos fármacos, no debes interpretarlo como «no aparece en el prospecto, luego no puede ser el medicamento». Los sistemas de notificación espontánea capturan solo una fracción minoritaria de los efectos adversos reales, y la vigilancia sobre estos nuevos fármacos sigue en curso. Tienes todo el derecho a plantear este tema a tu médico, y este tiene la obligación de tomártelo en serio.
Caso real: el mecánico que adelgazó con Ozempic, perdió su erección y la recuperó sin pastillas
Marcos tiene 48 años, trabaja de mecánico en un taller de camiones, pesa 121 kilogramos para 1,80 m de estatura y no tiene diabetes. Un día de hace tres años, su cuñado le ofreció las plumas de Ozempic que le sobraban del mes. El cuñado era diabético y le habían cambiado la medicación; las plumas estaban prácticamente nuevas y él sabía que Marcos llevaba años intentando adelgazar sin éxito. «Para ti serían perfectas», le dijo.
Marcos empezó a pincharse sin ninguna orientación médica, sin saber que la dosis que estaba usando estaba ajustada para el control glucémico de un diabético, y sin que nadie le explicara los posibles efectos secundarios ni la progresión de dosis que exige el protocolo de estos fármacos. Cuatro meses después había perdido 16 kilogramos. Su mujer estaba encantada. Su familia lo felicitaba. Marcos se sentía bien.
Pero en esos mismos cuatro meses, algo había cambiado. No con el peso, sino en el dormitorio. Al principio lo achacó al cansancio: trabajaba muchas horas. Después, a que «ya tiene una edad». Pero cuando las dificultades para conseguir y mantener la erección se volvieron constantes, la convivencia empezó a deteriorarse. Su mujer pensaba que el problema era con ella. Él no sabía qué explicarle porque no entendía qué estaba pasando.
Dejó el Ozempic por su cuenta, sin decírselo a nadie, cuatro meses después de haberlo empezado. Pensó que sin el fármaco, la erección volvería. No volvió. Cinco meses después de dejarlo, llegó a mi consulta acompañado de su mujer, que había insistido en venir juntos.
Lo primero fue descartar causas orgánicas: analítica completa (testosterona total y libre, LH, FSH, prolactina, estradiol, glucemia, HbA1c, perfil lipídico, función tiroidea), presión arterial, valoración de la función eréctil con el cuestionario SHIM. Los resultados mostraban una testosterona en el límite inferior del rango normal —probable reflejo de que el eje aún estaba en proceso de recuperación tras los meses de déficit calórico— y una función eréctil puntuada como «disfunción moderada» en el SHIM.
El diagnóstico fue funcional y mixto: disfunción eréctil de componente principalmente psicógeno —generada y mantenida por la ansiedad de rendimiento que se instala cuando un hombre falla repetidamente y empieza a temer cada relación— sobre un sustrato orgánico transitorio, muy probablemente provocado por la combinación de pérdida de peso rápida no supervisada, efecto dopaminérgico central del GLP-1 y la espiral ansiosa que siguió a los primeros episodios de fallo eréctil.
El tratamiento no incluyó ningún fármaco para la erección. El plan fue el siguiente:
- Tres sesiones semanales de entrenamiento de fuerza con un entrenador personal, durante ocho semanas.
- Ajuste dietético con un dietista: ingesta proteica adecuada, sin déficit calórico agresivo, priorizando la estabilización del peso y la masa muscular.
- Cuatro sesiones de terapia sexual de pareja, en las que trabajamos la ansiedad de rendimiento de Marcos y la desconfianza que se había instalado en su mujer durante los meses de evitación y silencio.
A las seis semanas, Marcos tenía erecciones espontáneas matutinas de nuevo. A las diez semanas, la vida sexual de la pareja había vuelto a la normalidad. En la última revisión, seis meses después, la testosterona había subido a niveles claramente normales y el SHIM era normal.
La lección no es que Ozempic sea malo. Marcos lo tomó sin prescripción médica, a una dosis no ajustada para él, sin seguimiento, y sin el acompañamiento de los cambios de estilo de vida que estos fármacos requieren para funcionar de forma segura y sostenible. El problema no fue el fármaco. Fue la ausencia de supervisión médica. Y la solución, cuando la erección falló, tampoco fue un fármaco: fue entender por qué había ocurrido y abordarlo de raíz.
Tomo Ozempic y tengo problemas de erección: qué puedo hacer
Si estás en esta situación, lo primero que quiero decirte es que, en la gran mayoría de los casos, no es irreversible y hay un plan que puede ayudarte. En los últimos dos años, este motivo de consulta ha crecido de forma significativa en mi agenda, y en la práctica totalidad de los casos encontramos una explicación y una vía de mejora.
¿Puedo tomar Viagra o Cialis si estoy con Ozempic o Mounjaro?
Es una combinación posible y en muchos casos perfectamente razonable, pero hay matices clínicos que conviene conocer antes de automedicarse.
Los inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5 —sildenafilo (Viagra), tadalafilo (Cialis), vardenafilo (Levitra)— producen vasodilatación del tejido eréctil y, secundariamente, una ligera reducción de la presión arterial sistémica. Los agonistas GLP-1 tienen, por su parte, un efecto modesto de reducción de la presión arterial y un ligero aumento de la frecuencia cardíaca como efectos cardiovasculares conocidos. En combinación, el riesgo principal a vigilar es la hipotensión ortostática —bajada brusca de tensión al incorporarse—, especialmente en pacientes que llevan semanas o meses en déficit calórico marcado y pueden haber reducido también su volumen plasmático. No es una contraindicación formal, pero sí una razón para no empezar con dosis altas de PDE5i sin orientación médica.
El segundo factor relevante es la absorción oral: como los GLP-1 enlentecen el vaciado gástrico, el sildenafilo tomado en comprimido puede tardar más en absorberse y en hacer efecto. En lugar de los 30-60 minutos habituales, puede necesitar 90-120 minutos. Esto no invalida el fármaco, pero hace menos predecible el timing y puede ser frustrante si no se tiene en cuenta. En este contexto, el tadalafilo en dosis diaria baja (5 mg/día) puede ser una opción más práctica, porque su efecto no depende del tiempo de toma respecto a la relación sexual y su absorción es menos sensible al vaciado gástrico por su larga vida media.
Lo que nunca debes hacer: combinar un GLP-1 con un inhibidor de la PDE5 sin haber informado a tu médico de que tomas ambos. No porque la combinación esté formalmente contraindicada, sino porque merece supervisión individualizada, especialmente en las primeras semanas.
Cuándo consultar con un médico sexólogo
No lo dejes para «ver si se pasa solo» durante más de tres meses. Los problemas de erección, cuando se cronifican, generan una capa de ansiedad anticipatoria que se suma al problema original y lo amplifica. El hombre empieza a evitar situaciones de intimidad, la pareja interpreta esa evitación como desinterés, se instala la distancia emocional, y lo que empezó como un efecto secundario farmacológico transitorio se convierte en un problema sexual de pareja mantenido. Cuanto antes se actúa, mejor el pronóstico.
Consulta específicamente con un médico sexólogo —con formación en medicina sexual, no solo con tu endocrinólogo o con tu médico de familia— si:
- La disfunción eréctil apareció o empeoró de forma claramente asociada al inicio o al aumento de dosis del GLP-1.
- Has notado una reducción significativa del deseo sexual que persiste más de cuatro a seis semanas.
- Tu pareja ha detectado el cambio y está generando tensión en la relación.
- Has dejado el Ozempic o Mounjaro por tu cuenta y la función eréctil no ha recuperado su nivel habitual en ocho a doce semanas.
- Tienes dudas sobre si seguir con el tratamiento o necesitas buscar alternativas.
Un médico sexólogo con formación en endocrinología puede distinguir si el problema tiene predominio vascular, hormonal, psicógeno o una combinación de factores, y diseñar un plan de intervención que no pase necesariamente por dejar el fármaco que está produciendo beneficios metabólicos reales. La sexualidad y la salud metabólica no son compartimentos estancos: tratarlas juntas da mejores resultados que tratarlas por separado.
Preguntas frecuentes sobre Ozempic, Wegovy, Mounjaro y sexualidad masculina
¿El Ozempic hace el pene más grande?
Esta afirmación circula con insistencia en redes sociales —especialmente en TikTok e Instagram— y tiene una base parcialmente real, aunque la explicación correcta no tiene nada que ver con ningún efecto directo del fármaco sobre el tejido peneano.
En hombres con obesidad importante, el acúmulo de grasa en la zona púbica —la almohadilla adiposa suprapúbica— puede «enterrar» visualmente la base del pene. Es un fenómeno conocido en urología y andrología como «pene escondido» (buried penis o concealed penis) relacionado con la obesidad. Al perder ese tejido graso suprapúbico a través de la pérdida de peso —que Ozempic, Wegovy o Mounjaro facilitan—, el pene «aparece»: no ha crecido en ningún sentido anatómico, simplemente estaba oculto.
No existe ningún mecanismo biológico plausible por el que la semaglutida o la tirzepatida pudieran aumentar el tamaño anatómico del pene. Lo que sí puede mejorar con la recuperación de la función eréctil es la turgencia y la rigidez durante la erección, lo que puede percibirse subjetivamente como un funcionamiento mejor. Pero eso es función eréctil, no tamaño.
Si dejo Ozempic o Mounjaro, ¿se recupera la erección?
Depende de cuál sea la causa principal de la disfunción eréctil en tu caso concreto.
Si el problema es predominantemente inducido por el fármaco —efecto dopaminérgico central, bajada transitoria de testosterona por restricción calórica, o una combinación de ambos— lo más probable es que la función eréctil se recupere progresivamente en las semanas o meses posteriores a la suspensión. Muchos pacientes lo refieren así en consulta.
Si el problema de fondo es la propia obesidad, la diabetes o el síndrome metabólico —condiciones que existían antes del GLP-1 y que contribuían a la disfunción eréctil—, dejar el fármaco sin haber consolidado cambios sostenibles en el estilo de vida puede conducir a recuperar el peso perdido, lo que empeoraría de nuevo la situación hormonal y vascular. Los datos del ensayo de extensión STEP 1 de semaglutida son contundentes: los pacientes que interrumpieron el tratamiento recuperaron en un año una media del 75% del peso perdido.
En resumen: dejar Ozempic, Wegovy o Mounjaro no es automáticamente la solución a los problemas eréctiles, y puede ser contraproducente si el beneficio metabólico que estabas obteniendo era real y necesario. La decisión de suspender el tratamiento debe tomarse siempre con tu médico y con un plan de transición que incluya cambios de estilo de vida capaces de mantener parte del beneficio alcanzado.
¿Wegovy es lo mismo que Ozempic para la salud sexual del hombre?
Sí y no. Ambos contienen exactamente la misma molécula —semaglutida— y actúan por el mismo mecanismo farmacológico. Lo que los diferencia es la indicación y la dosis.
Ozempic está aprobado para el tratamiento de la diabetes tipo 2, con dosis máxima de 1 mg semanal. Wegovy está aprobado para el manejo del sobrepeso y la obesidad en adultos con y sin diabetes, con dosis que pueden alcanzar los 2,4 mg semanales. A mayor dosis de semaglutida, mayor activación de los receptores GLP-1 en el sistema nervioso central, y potencialmente más pronunciado el efecto sobre el circuito dopaminérgico de recompensa —lo que incluye el deseo sexual—.
Esto no significa que Wegovy sea «peor» que Ozempic para la sexualidad. Sus pacientes target son distintos: Wegovy se prescribe típicamente a personas con obesidad sin diabetes, un perfil en el que los confusores metabólicos que distorsionan el efecto del fármaco sobre la función sexual son menores. Por eso cualquier efecto directo del fármaco sobre el deseo o la erección puede ser más visible y más fácilmente atribuible al medicamento en los usuarios de Wegovy que en los de Ozempic.
Para la práctica cotidiana: no asumas que porque hayas tolerado Ozempic sin efectos sobre la sexualidad, Wegovy a dosis más altas tendrá el mismo perfil. Monitoriza de forma específica los cambios en deseo y función eréctil al aumentar la dosis, y comenta cualquier cambio con tu médico.
Bibliografía
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