El síndrome genitourinario de la menopausia (SGM) afecta entre el 27% y el 84% de las mujeres posmenopáusicas, y a diferencia de los sofocos, no desaparece con el tiempo: sin tratamiento, tiende a empeorar.

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© Dr. Antonio Ferrández Infante · MD/PhD · Especialista en Sexología Médica y Terapia de Pareja
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Qué es el síndrome genitourinario de la menopausia
El SGM engloba los cambios que la falta de estrógenos provoca en los labios, el introito, el clítoris, la vagina, la uretra y la vejiga.
Sus síntomas más frecuentes son la sequedad vaginal (el más común de todos), el ardor, la irritación, el dolor durante el coito (dispareunia) y molestias urinarias como la urgencia, el escozor al orinar y las infecciones de repetición.
Es importante entender una diferencia clave respecto a otros síntomas de la menopausia: los sofocos suelen mejorar solos con el paso de los años, pero el SGM no. Si no se trata, tiende a mantenerse o incluso empeorar con el tiempo.
Cómo afecta la menopausia a tu vida sexual
El impacto del SGM sobre la sexualidad es profundo, y afecta a todas las fases de la respuesta sexual: hasta el 67% de las mujeres con SGM reportan algún tipo de disfunción sexual.
Hay algo que sorprende a muchas mujeres cuando lo escuchan por primera vez en consulta: el dolor durante el coito no es «cosa de la cabeza». Es una respuesta de protección real que el cuerpo aprende, y que tiene una explicación física y una solución médica concreta.
El mecanismo es el siguiente: el dolor por la atrofia del tejido vaginal genera un condicionamiento negativo — el cuerpo empieza a anticipar el dolor incluso antes de que ocurra, lo cual reduce el deseo sexual (lo que en sexología se llama deseo sexual hipoactivo secundario) y dificulta la excitación.
A esto se suma que la menor lubricación y el menor flujo sanguíneo hacia el clítoris y la vagina dificultan alcanzar el orgasmo, incluso en mujeres que antes no tenían ningún problema para conseguirlo.
El SGM también se asocia con una percepción más negativa de la propia feminidad y de la imagen corporal, un efecto que muchas veces pasa desapercibido si no se pregunta directamente por él en consulta.
Por qué tu pareja no lo entiende: el impacto en la relación
El SGM no es solo un problema individual — afecta directamente a la dinámica de la pareja.
La evitación del contacto sexual por miedo al dolor suele ser malinterpretada por la pareja como falta de afecto o de interés, lo que puede generar conflictos y distanciamiento emocional que nada tienen que ver con la causa real del problema.
Aunque no se ha demostrado una relación directa entre el SGM y la disfunción eréctil del varón, sí está claro que la insatisfacción sexual femenina y el dolor durante el coito impactan de forma negativa en la satisfacción sexual y vital de la pareja en su conjunto.
Sequedad vaginal en la menopausia: tratamientos que funcionan
El objetivo de cualquier tratamiento es restaurar la fisiología vaginal y eliminar el dolor, para que sea posible volver a tener una respuesta sexual satisfactoria. Hay varias líneas de tratamiento, y no todas implican hormonas.

Hidratantes y lubricantes vaginales: la primera línea
Son la opción de partida, sin necesidad de hormonas. Los hidratantes vaginales se usan de forma regular, dos o tres veces por semana, para mantener la hidratación del tejido a largo plazo — no son para el momento del sexo, sino para el día a día.
Los lubricantes, en cambio, se usan exclusivamente durante la actividad sexual, para reducir la fricción en el momento.
Estrógenos vaginales: el tratamiento de referencia
Es el tratamiento considerado «gold standard» para el SGM. Los estrógenos vaginales (estriol o estradiol) restauran el pH vaginal, la microbiota y el grosor del epitelio que se ha ido perdiendo con la falta de estrógenos.
El régimen habitual que suele indicar el médico con estriol es de 0,5 mg al día durante dos o tres semanas, seguido de una dosis de mantenimiento de 0,5 mg dos veces por semana. Al aplicarse de forma local, el paso a la sangre es mínimo, lo que lo hace una opción segura para la mayoría de las mujeres.
DHEA vaginal (Prasterona): la alternativa no estrogénica
Se administra en óvulos de 6,5 mg al día. Funciona como un precursor inactivo que el propio tejido vaginal convierte localmente en estrógenos y andrógenos, mejorando de forma significativa tanto el dolor durante el coito como la función sexual en general.
Ospemifeno: la única pastilla no hormonal para el dolor
Se toma por vía oral, 60 mg al día. Es, a día de hoy, el único tratamiento no hormonal sistémico con efecto estrogénico específico sobre la vagina, y está indicado sobre todo cuando la dispareunia es moderada o grave.
Fisioterapia de suelo pélvico y terapia sexual
El dolor crónico por dispareunia suele provocar, con el tiempo, una hipertonía refleja de los músculos del suelo pélvico — es decir, los músculos se tensan de forma involuntaria como mecanismo de defensa. La rehabilitación con fisioterapia especializada, junto con el uso de dilatadores vaginales, es clave para recuperar la elasticidad del introito.
Explicarle a la pareja el origen biológico real del dolor ayuda a reducir la culpa y la sensación de rechazo en ambos lados. También ayuda explorar posturas que reduzcan la presión en las zonas más sensibles, y priorizar juegos preliminares más largos, ya que la excitación de la mujer depende más de la estimulación general del cuerpo que de la genital directa.
El mindfulness y la focalización sensorial —técnicas para reconectar con el placer no doloroso— ayudan específicamente a reducir la ansiedad anticipatoria antes del coito, rompiendo el círculo de miedo-dolor-evitación.
Qué puedes hacer ya
Si te reconoces en varios de estos síntomas, estos son los pasos con más evidencia detrás:
No esperes a que empeore. Empieza con un hidratante vaginal de uso regular en cuanto notes sequedad, no cuando ya sea un problema constante.
Usa lubricante siempre durante el sexo, sin excepción, incluso en los días que sientas que «no lo necesitas».
Habla con tu ginecólogo sobre los estrógenos vaginales si los hidratantes no son suficientes — es un tratamiento local, seguro, y es el que cuenta con más respaldo científico.
Involucra a tu pareja en la explicación, para que entienda que la evitación es una respuesta física al dolor, no una falta de deseo hacia él o ella.
Considera la fisioterapia de suelo pélvico si el dolor persiste a pesar del tratamiento hormonal — muchas veces el componente muscular necesita su propio abordaje.
Bibliografía
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